Historias del calcio

Una crónica de Italia a través del fútbol

¿Quién mató a Kennedy?

Posted by Mr Forrison en octubre 2, 2006

Las teorías conspiratorias son edificantes porque, de alguna forma, enaltecen al ser humano. Contra la evidencia de que el hombre tiende sin remedio a la chapuza, la indiscreción y la soberbia, quienes creen en las verdades alternativas atribuyen a sus congéneres una capacidad suprema para planear, ejecutar y silenciar de manera perfecta formidables maniobras secretas que alteran el destino del mundo.

Abundan quienes creen que la llegada a la Luna fue un montaje, que el 11-S fue organizado desde Jerusalén y el Pentágono, que los socialistas españoles mantienen una relación perversa con unos polvos bóricos y que Elvis Presley sigue vivo. En Italia, el país de la dietrología (la ciencia de lo que está detrás, oculto), esa tendencia a la fabulación posee una gracia especial por la distancia entre lo real (el país funciona de milagro) y lo fantástico (todo lo que ocurre forma parte de un plan maestro).

La última gran teoría dietrológica italiana explica bajo una nueva luz lo que ha ocurrido en el calcio. Pensábamos que el director general del Juventus, Luciano Moggi, había creado una trama de relaciones con los poderes federativos y arbitrales que le permitía manipular los resultados. Parecía que las conversaciones telefónicas intervenidas a Moggi y a otros dirigentes de su cuerda resultaban esclarecedoras: pedían un árbitro así o asá, que amonestara a tal jugador o a tal otro, que pitara un penalti a favor de éste o aquél…, y el domingo siguiente salía todo clavado. El asunto se perfilaba bastante claro, dentro de la turbiedad.

Miles de juventinos, entre ellos el actual técnico del equipo, Didier Deschamps, están convencidos de que las cosas no fueron así. En realidad, ocurrió lo contrario. Se ha descubierto (y esa es la parte cierta: todas las teorías conspiratorias necesitan un punto al que agarrarse) que el jefe de seguridad de Telecom Italia formaba parte de una banda que espiaba ilegalmente a miles de ciudadanos más o menos poderosos. A partir de ahí, las piezas encajan.

¿Quién era el presidente de Telecom? Marco Pronchetti Provera, vicepresidente del Inter. ¿Quién asumió las riendas del calcio tras descubrirse los manejos de Moggi? Guido Rossi, el nuevo presidente de Telecom y forofo interista. ¿Quién es el vicepresidente ejecutivo de Telecom? Carlo Buora, otro vicepresidente del Inter. ¿Qué hizo el propietario del Inter, Massimo Moratti, cuando antes de que estallara el escándalo recibió la confidencia de que el árbitro De Santis no era imparcial? Contrató a un detective para que averiguara si la acusación era cierta y el detective resultó ser socio del jefe de seguridad de Telecom. ¿Más pruebas? El patrocinador del calcio es Tim, sociedad filial de Telecom.

Según la verdad juventina, el Inter y Telecom manejaron durante años los hilos de la corrupción y echaron las culpas al pobre Moggi, pillado en un par de desahogos telefónicos. Moratti, el patrón interista, un tipo que en quince años de gestión no dio pie con bola, nos tuvo bien engañados. Mientras se hacía el tonto, organizó un plan maquiavélico cuyos objetivos aparecen hoy claros: uno, jorobar a Moggi; dos, que el Juventus ganara siempre y el Inter nunca (a este segundo objetivo aún no se le ha encontrado explicación dietrológica).

Moratti prestará hoy declaración voluntaria ante el fiscal especial del calcio. Habrá que preguntarle dónde estaba el día en que mataron a Kennedy: éstos del Inter son capaces de cualquier cosa.

 

Fuente: EL PAÍS

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